No preguntaste... y yo tampoco. Te veo esta mañana donde nada es como antes, con tus pensamientos y tus proyectos y tus sueños y tus necesidades, solo contigo mismo, solo con tu malestar, sin embargo hombre, mandamiento del alma.
Mientras mis palabras aùn latentes buscan reclamar ese verano de los sentidos, aquellos sentidos torturados y acariciados de una imagen que nunca tuvo cuerpo, ciego de miradas y mudo de sonrisas.
Un corte fijo sobre las motivaciones humanas, el filo de los lìmites humanos que esquila las aspiraciones del alma y todavìa nos sorprende, cuando me doy cuenta que aquel filo en nuestro viento no corta partìculas de aire sino carne: la nuestra.
Las làgrimas queman, caen sobre un sueño de hielo en este invierno que todavìa se burla de mi.
Tù dentro mìo, reflejos de una luz silenciada por mi frenesì, puesto vacìo entre el eco de la inquietud, donde èl se ha sentado reclinado excitado y luego sacudido, donde ha temblado soñado llorado reìdo y gritado, donde se ha hundido escavado cortado y cosido, donde ha disfrutado comido cogido y, nunca satisfecho, caminado donde ha desaparecido, estùpido y amargado, donde nadie màs irà.
He cubierto con alambre de pùas el perìmetro de aquella voràgine, aquèl golpe de meteorito sobre mi tierra incierta.
Allì tu puesto para todos los dìas que vendràn, encima hay rabia, sòlo los locos no se curan, es rabia amarga y sufrida, la rabia de la renuncia y de la impotencia.
Dejo que me desgaste y me consuma porque despuès de un viaje al paraìso ningùn sabor a mi alrededor capta mi atenciòn, te he amado sin conocerte y te he perdido antes de encontrarte... rabia que se convierte en otra rabia, que se divide entre mis deseos y se esteriliza entre mis sentimientos...



