La mujer reflexiona sobre el hecho de que no tiene nada distinto de las demàs mujeres. Cierto, puede estarse horas en la estètica hacièndose maquillar y peinar tanto que ni el marido la reconoce. O siendo extremistas, puede gastarse un buen dinero para hacerse operar la nariz, las tetas, el culo. Pero sabe que siempre serà una mujer como tantas otras. Màs bella? No importa. La màs cortejada? Si fuera sòlo eso estaria bien como es. No.
Ese sentimiento de inseguridad profunda le viene de una rebeliòn radical. Ella quisiera darle a sus amantes algo que ninguna otra puede ofrecerles. El motivo por el que odia los piercings o los tatuajes no tiene nada que ver con el buen gusto o el concepto de mutilaciòn. Es sòlo que es banal. No le parece suficientemente original un anillito en el clìtoris porque cualquier otra mujer puede hacerse poner uno. Asì, planea someterse a una intervenciòn quirùrgica absolutamente particular. No complicada desde el punto de vista tècnico, pero perversa por su significado. El problema -ahora- es encontrar un mèdico dispuesto a hacerlo. Despuès de haber descartado el hacerse la cirugìa en Italia, piensa que serìa mejor en Suiza o mejor Estados Unidos. Pero los americanos son intolerantes y podrìa pasar que un periodista curioso ponga su caso en las pàginas de un periòdico amarillista.
Al final, despuès de haber valorado los riesgos y las posibilidades, escoge a un mèdico boliviano, famoso por haberle cambiado el sexo a cientos de transgèneros con resultados de verdad excelentes.
Lo encontrò despuès de navegar obstinadamente por cientos de sitios de internet, casi una obsesiòn, casi al punto de pensar que su idea era en serio locura. Pero cuando por fin encuentra la pàgina del doctor Gòmez, entiende inmediatamente que ha llegado. No es fàcil entender las motivaciones de èsta mujer. Pocos, entre sus conocidos, saben que tuvo una compañera de colegio, bellisima, que se fue a Inglaterra despuès de enamorar a todo el paìs. Està convencida que la compañera tenìa algo especial. Y ella quiere lo mismo, sòlo que mejor. Quiere reinventarse como diosa y vengarse por haber vivido en su sombra por ocho largos años. El momento de la reivindicaciòn se acerca.
Anota el nùmero llena de ansiedad, intenta calmarse apenas escucha la voz del doctor al otro lado del planeta. Està por preguntarle directamente de la operaciòn cuando se le ocurre algo terrible. Si le dice ahora, èl puede usar el tiempo hasta que ella llegue y hacerle la operaciòn a otra mujer. No puede suceder. Serìa una catàstrofe.
Ha invertido tanto tiempo en èsto que està ciega de celos y paranoia. Entonces le pedirà al doctor que respete el secreto profesional. Le harà firmar un documento, sì. Lo importante, se dice, es que èl ocupe el tiempo estudiando bien su caso, antes de operarla.
Una semana despuès, llega al aeropuerto de Santa Cruz con una maleta llena de dudas. La màs grande si la operaciòn va a funcionar. Està por ofrecer su cuerpo perfecto a las manos de un desconocido, sin ninguna garantìa sobre los resultados.
El hombrecillo que la recibe le dice que tenga cuidado con las joyas y la ropa elegante. "Hay gente mala," le dice mientras sus ojos miran las piernas de la hermosa italiana. El camino a la clìnica, rodeada de verde le parece eterno. Por suerte el doctor Gòmez no se hace esperar e inmediatamente la lleva a su oficina. Tiene una cara de dibujo animado, pero ella -curiosamente- no juzga por la apariencia y lo observa con total atenciòn, prestando tiempo extra a las manos del doctor. Ve que tiene un tacto delicado y preciso por el modo en el que pasa las pàginas de la carpeta con su informaciòn. Las pàginas no hacen ruido alguno.
Despuès de haber leìdo por algunos minutos el doctor levanta la mirada "pero usted tiene un fìsico perfecto. No hay nada que yo pueda mejorar." Sòlo entonces ella se decide a hacer su extraño pedido, pero no antes de haberle advertido que la conversaciòn es privada y que desea ser absolutamente la ùnica persona a la que le harà el procedimiento.
El doctor Gòmez la escucha con curiosidad, luego su rostro asume una expresiòn de asco, casi ofensa. Pero ella sabìa que asì iba a reaccionar y no està dispuesta a desistir por ningùn motivo. Èl quiere saber por lo menos las motivaciones de èsta absurda exigencia. Y la mujer responde con una expresiòn entre irònica y divertida: "en serio no se imagina?" El doctor responde que, normalmente sus pacientes quieren corregir algùn defecto, incluso si èste es el sexo equivocado. Nunca nadie le ha pedido que lo deforme. "Doctor, le ruego. No se haga el moralista. Què hay de natural en la silicona que usa para agrandar los senos? O en el hecho de modelar una vagina donde antes existìa un pene?"
A no tener cosa que responder, el doctor se concentra en los aspector tècnicos de un procedimiento que nunca ha realizado: "existirà un problema de lubricaciòn. Probablemente se puede resolver con productos para las glàndulas de Bartolino. Pero èsto puede comprometer su funcionalidad. Està segura de correr èste riesgo? Usted sabe para què sirven estas glàndulas?" "Sì. Proveen lubricaciòn al canal vaginal. Entonces, cuànto va a costarme la operaciòn?"
La cifra no fue problema para la mujer, esposa de un importante banquero. Durante el vuelo de retorno imagina còmo se sentirà despuès. No tiene hijos, ni quiere tenerlos. Un embarazo puede alterar irremediablemente la belleza del cuerpo femenino. Eso que ha decidido hacer con su cuerpo, no tendrà un impacto similar. No le cambiarà la forma. Sonrìe mirando el cielo. Despuès de la cirugìa serà de verdad ùnica. Ha encontrado còmo sentirse especial. Aunque permanecerà un secreto entre ella y sus amantes.
Deberàn pasar por lo menos cuatro meses, porque el doctor quiere estar seguro de haber estudiado cada aspecto del caso antes de proceder. Tiene que someterse a tediosas teorìas clìnicas, pero què importa? El resultado va a recompensarla. En los dìas siguientes sucede algo que no habìa previsto. Quien la encuentra le pregunta si "por si acaso" està esperando. Tiene una expresiòn serena en el rostro, una dulzura que nadie le habìa visto antes. Se està esperando a sì misma.
Piensa en su espejo como si fuera uno màgico y se repite que no hay màs bella que ella. Evita recordar a la compañera de los ojos claros que tenìa a todos a sus pies.
Esta vez la duda de si està haciendo bien la atrapa. Soy la màs bella? Hay otra? En ese momento, en ese punto en la ciudad todo se vuelve frìvolo, poblado de peatones todos bellos, muchachas hermosas y ve a una chica morena, elegante y alta y todas sus dudas desaparecen con la fuerza del antagonismo. Quiero ser la màs bella.
Ocho meses despuès la mujer inaugura su nuevo cuerpo con un jòven artista neoyorkino que conociò en el aviòn. El temor de que la considere un monstruo le dura poco. Queda tan encantado al verla desnuda que se le olvida la radical diferencia de edad. La mujer lo deja jugar hasta el cansancio y entonces le muestra su secreto. Eran las tres de la mañana pero recomenzaron y siguieron hasta las primeras luces del alba. Antes de irse èl le pide el telèfono, la direcciòn, la forma de encontrarla de nuevo. La mujer sonriendo le dice con una voz inocente y tierna que no desea verlo nunca màs. Es un pequeño efecto secundario al cambio que ha hecho: nunca màs podrà enamorarse. De nadie.
Pasan muchos años. Aprende a usar su nueva arma de forma discreta y le sirve para convertirse en una persona importante. A primera vista parece que llegò a liderar la màs grande compañia de compra de joyas por mèritos propios. Pero en realidad son los hombres los que le dan lo que pida a cambio de una o màs noches fuera de la realidad.
Sin embargo no logra hacer las pases con el pasado. Toman tiempo esas cosas. Se justifica. No tiene màs deseos de demostrarse a sì misma que es excepcional. Ya lo ha hecho. Ademàs, està convencida de ser un comodìn que hace las comparaciones impràcticas. La dulce ex-compañera nunca podrìa pagarse la operaciòn. Simple. Aquì la belleza no tiene nada que ver. Para asegurarse de no poder volver atràs, escoge vivir en la ciudad màs anònima del mundo, a cientos de kilòmetros de los recuerdos, de las calles conocidas, de los viejos amigos.
Pero las comparaciones se presentan solas. Es en una fotografìa en blanco y negro entre las pàginas de un libro donde finalmente entiende que la belleza inmensa y absoluta, negra y brillante, tràgicamente sublime en su sonrisa de cristal sòlo puede ser un resultado de la casualidad, nunca de la intenciòn.
Ese sentimiento de inseguridad profunda le viene de una rebeliòn radical. Ella quisiera darle a sus amantes algo que ninguna otra puede ofrecerles. El motivo por el que odia los piercings o los tatuajes no tiene nada que ver con el buen gusto o el concepto de mutilaciòn. Es sòlo que es banal. No le parece suficientemente original un anillito en el clìtoris porque cualquier otra mujer puede hacerse poner uno. Asì, planea someterse a una intervenciòn quirùrgica absolutamente particular. No complicada desde el punto de vista tècnico, pero perversa por su significado. El problema -ahora- es encontrar un mèdico dispuesto a hacerlo. Despuès de haber descartado el hacerse la cirugìa en Italia, piensa que serìa mejor en Suiza o mejor Estados Unidos. Pero los americanos son intolerantes y podrìa pasar que un periodista curioso ponga su caso en las pàginas de un periòdico amarillista.
Al final, despuès de haber valorado los riesgos y las posibilidades, escoge a un mèdico boliviano, famoso por haberle cambiado el sexo a cientos de transgèneros con resultados de verdad excelentes.
Lo encontrò despuès de navegar obstinadamente por cientos de sitios de internet, casi una obsesiòn, casi al punto de pensar que su idea era en serio locura. Pero cuando por fin encuentra la pàgina del doctor Gòmez, entiende inmediatamente que ha llegado. No es fàcil entender las motivaciones de èsta mujer. Pocos, entre sus conocidos, saben que tuvo una compañera de colegio, bellisima, que se fue a Inglaterra despuès de enamorar a todo el paìs. Està convencida que la compañera tenìa algo especial. Y ella quiere lo mismo, sòlo que mejor. Quiere reinventarse como diosa y vengarse por haber vivido en su sombra por ocho largos años. El momento de la reivindicaciòn se acerca.
Anota el nùmero llena de ansiedad, intenta calmarse apenas escucha la voz del doctor al otro lado del planeta. Està por preguntarle directamente de la operaciòn cuando se le ocurre algo terrible. Si le dice ahora, èl puede usar el tiempo hasta que ella llegue y hacerle la operaciòn a otra mujer. No puede suceder. Serìa una catàstrofe.
Ha invertido tanto tiempo en èsto que està ciega de celos y paranoia. Entonces le pedirà al doctor que respete el secreto profesional. Le harà firmar un documento, sì. Lo importante, se dice, es que èl ocupe el tiempo estudiando bien su caso, antes de operarla.
Una semana despuès, llega al aeropuerto de Santa Cruz con una maleta llena de dudas. La màs grande si la operaciòn va a funcionar. Està por ofrecer su cuerpo perfecto a las manos de un desconocido, sin ninguna garantìa sobre los resultados.
El hombrecillo que la recibe le dice que tenga cuidado con las joyas y la ropa elegante. "Hay gente mala," le dice mientras sus ojos miran las piernas de la hermosa italiana. El camino a la clìnica, rodeada de verde le parece eterno. Por suerte el doctor Gòmez no se hace esperar e inmediatamente la lleva a su oficina. Tiene una cara de dibujo animado, pero ella -curiosamente- no juzga por la apariencia y lo observa con total atenciòn, prestando tiempo extra a las manos del doctor. Ve que tiene un tacto delicado y preciso por el modo en el que pasa las pàginas de la carpeta con su informaciòn. Las pàginas no hacen ruido alguno.
Despuès de haber leìdo por algunos minutos el doctor levanta la mirada "pero usted tiene un fìsico perfecto. No hay nada que yo pueda mejorar." Sòlo entonces ella se decide a hacer su extraño pedido, pero no antes de haberle advertido que la conversaciòn es privada y que desea ser absolutamente la ùnica persona a la que le harà el procedimiento.
El doctor Gòmez la escucha con curiosidad, luego su rostro asume una expresiòn de asco, casi ofensa. Pero ella sabìa que asì iba a reaccionar y no està dispuesta a desistir por ningùn motivo. Èl quiere saber por lo menos las motivaciones de èsta absurda exigencia. Y la mujer responde con una expresiòn entre irònica y divertida: "en serio no se imagina?" El doctor responde que, normalmente sus pacientes quieren corregir algùn defecto, incluso si èste es el sexo equivocado. Nunca nadie le ha pedido que lo deforme. "Doctor, le ruego. No se haga el moralista. Què hay de natural en la silicona que usa para agrandar los senos? O en el hecho de modelar una vagina donde antes existìa un pene?"
A no tener cosa que responder, el doctor se concentra en los aspector tècnicos de un procedimiento que nunca ha realizado: "existirà un problema de lubricaciòn. Probablemente se puede resolver con productos para las glàndulas de Bartolino. Pero èsto puede comprometer su funcionalidad. Està segura de correr èste riesgo? Usted sabe para què sirven estas glàndulas?" "Sì. Proveen lubricaciòn al canal vaginal. Entonces, cuànto va a costarme la operaciòn?"
La cifra no fue problema para la mujer, esposa de un importante banquero. Durante el vuelo de retorno imagina còmo se sentirà despuès. No tiene hijos, ni quiere tenerlos. Un embarazo puede alterar irremediablemente la belleza del cuerpo femenino. Eso que ha decidido hacer con su cuerpo, no tendrà un impacto similar. No le cambiarà la forma. Sonrìe mirando el cielo. Despuès de la cirugìa serà de verdad ùnica. Ha encontrado còmo sentirse especial. Aunque permanecerà un secreto entre ella y sus amantes.
Deberàn pasar por lo menos cuatro meses, porque el doctor quiere estar seguro de haber estudiado cada aspecto del caso antes de proceder. Tiene que someterse a tediosas teorìas clìnicas, pero què importa? El resultado va a recompensarla. En los dìas siguientes sucede algo que no habìa previsto. Quien la encuentra le pregunta si "por si acaso" està esperando. Tiene una expresiòn serena en el rostro, una dulzura que nadie le habìa visto antes. Se està esperando a sì misma.
Piensa en su espejo como si fuera uno màgico y se repite que no hay màs bella que ella. Evita recordar a la compañera de los ojos claros que tenìa a todos a sus pies.
Esta vez la duda de si està haciendo bien la atrapa. Soy la màs bella? Hay otra? En ese momento, en ese punto en la ciudad todo se vuelve frìvolo, poblado de peatones todos bellos, muchachas hermosas y ve a una chica morena, elegante y alta y todas sus dudas desaparecen con la fuerza del antagonismo. Quiero ser la màs bella.
Ocho meses despuès la mujer inaugura su nuevo cuerpo con un jòven artista neoyorkino que conociò en el aviòn. El temor de que la considere un monstruo le dura poco. Queda tan encantado al verla desnuda que se le olvida la radical diferencia de edad. La mujer lo deja jugar hasta el cansancio y entonces le muestra su secreto. Eran las tres de la mañana pero recomenzaron y siguieron hasta las primeras luces del alba. Antes de irse èl le pide el telèfono, la direcciòn, la forma de encontrarla de nuevo. La mujer sonriendo le dice con una voz inocente y tierna que no desea verlo nunca màs. Es un pequeño efecto secundario al cambio que ha hecho: nunca màs podrà enamorarse. De nadie.
Pasan muchos años. Aprende a usar su nueva arma de forma discreta y le sirve para convertirse en una persona importante. A primera vista parece que llegò a liderar la màs grande compañia de compra de joyas por mèritos propios. Pero en realidad son los hombres los que le dan lo que pida a cambio de una o màs noches fuera de la realidad.
Sin embargo no logra hacer las pases con el pasado. Toman tiempo esas cosas. Se justifica. No tiene màs deseos de demostrarse a sì misma que es excepcional. Ya lo ha hecho. Ademàs, està convencida de ser un comodìn que hace las comparaciones impràcticas. La dulce ex-compañera nunca podrìa pagarse la operaciòn. Simple. Aquì la belleza no tiene nada que ver. Para asegurarse de no poder volver atràs, escoge vivir en la ciudad màs anònima del mundo, a cientos de kilòmetros de los recuerdos, de las calles conocidas, de los viejos amigos.
Pero las comparaciones se presentan solas. Es en una fotografìa en blanco y negro entre las pàginas de un libro donde finalmente entiende que la belleza inmensa y absoluta, negra y brillante, tràgicamente sublime en su sonrisa de cristal sòlo puede ser un resultado de la casualidad, nunca de la intenciòn.
***Parece cuento, pero no es...


