Pasan los dìas, a veces lentos, cuando estàs lejos, veloces e inexorables mientras te apreto. (no, no perderè nunca la costumbre de hablar con un imaginario -eppur real- interlocutor.)
Cuando no escribo entre estos muros blancos pixelados no fijo mis pensamientos, y su abundanza comienza a escaparse de mi mente en momentos inesperados. Por lo tanto temo que èsta excesivamente espontànea ocurrencia invada tambièn el post. Al punto de fundirse con la banal monotonìa del resto. O hablo de angustia y sufrimiento o me hundo en palabras diabèticas. Como tù, yo tampoco soy buena balanceando las cosas. Estoy aquì despuès de semanas (por eso la inundaciòn de posts hoy) y no tengo cosas nuevas que reportar y tal vez èsta pacìfica quietud en mi vida no sea una condiciòn de la cual lamentarse. Tambièn si, a pesar del pacìfico orbitar de nuestras vidas, nuestro camino ha ya ofrecido sus fugaces dificultades, y cada vez las supero en la ùnica manera con la cual me arriesgo a acercarme a ti; amàndote. Amàndonos.
Es una cosa fantàstica estar aquì en medio. Siento mi corazòn hincharse cada dìa màs, no hay mas estàtica, no hay màs paràlisis o letargia. Cada dìa es siempre màs grande, siempre màs grandes son las ganas de estar, enorme el amor que siento, y el cariño y el deseo y la sensaciòn intensa de bienestar, de decir esta soy, aquì estoy, he llegado y no quiero moverme màs, aquì estoy bien y no quiero irme otra vez.
No sè cuàndo dejarè de maravillarme con èsta ingenuidad de todo eso que poseo en tu presencia. Cada dìa es una emociòn, la emociòn de vivirte, de vivirnos, de saber que estàs, que estamos, que somos, tù y yo, somos.
Tal vez algo nunca pronunciado puedo escribirlo. Sucediò hace varios dìas; asì como vino, el pasado se fue. Me ha dejado, como me dejò èl, como èl que se fue dejando -inevitablemente- sus maletas repletas de recuerdos que me moreteaban el cuerpo cuando menos lo esperaba.
Pero de la misma forma ha dejado de golpearme y las esporàdicas visitas a mi cuerpo y a mi corazòn han completamente desaparecido, ha pasado al ayer. Sentirlo ahora no me da calor ni frìo. No hiere, no llama recuerdos intensos. No me deja en pedazos, no me hace llorar, en las noches ya no me hace daño ni me hace bien. Simplemente se ha ido. No ha querido quedarse de ninguna forma y esto lo debo agradecer. Porque me ha liberado. Me ha liberado de meses llenos de pensamientos y actos crueles. Lleno de làgrimas y pobre de felicidad.
Y. Como una ola purificante, el agua me ha lavado el cuerpo, liberado cada sinàpsis, colmado cada vacìo con una plenitud toda particular, toda especial. Asì, solo el amor calma al amor. El camino es aùn largo y èstos son apenas los primeros -intensos- pasos.
Pero cuando estoy contigo, contigo y solamente contigo me siento viva, lista para todo, bella -porque tu me haces sentir bella y limpia- aunque sea fea y manchada.
No habrìa creìdo nunca que un dìa podrìa vivir todo esto, de esta manera.
Basta! Que el corazòn me explotarà y me eclipsarà por otro mes.
Cuando no escribo entre estos muros blancos pixelados no fijo mis pensamientos, y su abundanza comienza a escaparse de mi mente en momentos inesperados. Por lo tanto temo que èsta excesivamente espontànea ocurrencia invada tambièn el post. Al punto de fundirse con la banal monotonìa del resto. O hablo de angustia y sufrimiento o me hundo en palabras diabèticas. Como tù, yo tampoco soy buena balanceando las cosas. Estoy aquì despuès de semanas (por eso la inundaciòn de posts hoy) y no tengo cosas nuevas que reportar y tal vez èsta pacìfica quietud en mi vida no sea una condiciòn de la cual lamentarse. Tambièn si, a pesar del pacìfico orbitar de nuestras vidas, nuestro camino ha ya ofrecido sus fugaces dificultades, y cada vez las supero en la ùnica manera con la cual me arriesgo a acercarme a ti; amàndote. Amàndonos.
Es una cosa fantàstica estar aquì en medio. Siento mi corazòn hincharse cada dìa màs, no hay mas estàtica, no hay màs paràlisis o letargia. Cada dìa es siempre màs grande, siempre màs grandes son las ganas de estar, enorme el amor que siento, y el cariño y el deseo y la sensaciòn intensa de bienestar, de decir esta soy, aquì estoy, he llegado y no quiero moverme màs, aquì estoy bien y no quiero irme otra vez.
No sè cuàndo dejarè de maravillarme con èsta ingenuidad de todo eso que poseo en tu presencia. Cada dìa es una emociòn, la emociòn de vivirte, de vivirnos, de saber que estàs, que estamos, que somos, tù y yo, somos.
Tal vez algo nunca pronunciado puedo escribirlo. Sucediò hace varios dìas; asì como vino, el pasado se fue. Me ha dejado, como me dejò èl, como èl que se fue dejando -inevitablemente- sus maletas repletas de recuerdos que me moreteaban el cuerpo cuando menos lo esperaba.
Pero de la misma forma ha dejado de golpearme y las esporàdicas visitas a mi cuerpo y a mi corazòn han completamente desaparecido, ha pasado al ayer. Sentirlo ahora no me da calor ni frìo. No hiere, no llama recuerdos intensos. No me deja en pedazos, no me hace llorar, en las noches ya no me hace daño ni me hace bien. Simplemente se ha ido. No ha querido quedarse de ninguna forma y esto lo debo agradecer. Porque me ha liberado. Me ha liberado de meses llenos de pensamientos y actos crueles. Lleno de làgrimas y pobre de felicidad.
Y. Como una ola purificante, el agua me ha lavado el cuerpo, liberado cada sinàpsis, colmado cada vacìo con una plenitud toda particular, toda especial. Asì, solo el amor calma al amor. El camino es aùn largo y èstos son apenas los primeros -intensos- pasos.
Pero cuando estoy contigo, contigo y solamente contigo me siento viva, lista para todo, bella -porque tu me haces sentir bella y limpia- aunque sea fea y manchada.
No habrìa creìdo nunca que un dìa podrìa vivir todo esto, de esta manera.
Basta! Que el corazòn me explotarà y me eclipsarà por otro mes.


